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“El Análisis Diferencial Semántico en la estrategia de contenidos” entrada del blog corporativo de Estrategia del Contenido

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El Análisis Diferencial Semántico en la estrategia de contenidos

Fotografías, vídeos, presentaciones
El entorno socio-familiar condiciona los contenidos. Foto: Bipolares

Algunas veces, pocas, la información de un producto o servicio se destina a receptores equivocados. El productor o fabricante piensa que hay que dirigirse al comprador, a quien tomará la decisión de compra, al consumidor o al prescriptor, y sus esfuerzos de comunicación (y también de marketing) se dirigirán únicamente a estos modelos de público.

Incluso, si el fabricante afina un poco, será capaz de extraer perfiles de persona y diseñar escenarios de consumo del artículo. Pero en ocasiones, existe un factor socio-emocional que se nos escapa.

Cuando sospechamos que se puede producir esta disfunción entre el destinatario de nuestros mensajes y quien realmente debería recibirlos, podemos usar el Análisis Diferencial Semántico para descubrir quién y qué tipo de influencia tiene sobre el proceso de aprehensión de nuestro contenido. Con los datos que arroje el análisis, nuestro contenido será más eficiente.

Estudio neoconductista

El Análisis Diferencial Semántico forma parte del grupo de estudios psicosociales escalonados. Es decir, se somete a los individuos a una prueba en la que, progresivamente, se va profundizando en aquellos aspectos sobre los que interesa conocer sus motivaciones con el fin de confirmar la hipótesis inicial.

El método, ideado por Charles Osgood, Percy Tannenbaum y George Suci en 1957, todos pertenecientes a la corriente neoconductista de la psicología, parte de la teoría de que los símbolos conceptuales adquieren un nuevo significado cuando se relacionan con otros, generando una actitud de respuesta en el individuo que establece la relación.

La operativa básica y adaptada al análisis de opinión pública se fundamenta en una serie de preguntas de tipo test en las que el eje central es el concepto que se está investigando —la Marca, el producto o el servicio— sobre el que se ofrecen como respuesta adjetivos/conceptos antagónicos, separados por una escala de valor de siete pasos que oscila entre el 3 y el -3.

Se puede cuestionar al individuo, por ejemplo, sobre si subir a un taxi es algo más de ricos (3) o de pobres (-3), para, en el segundo escalón, plantear si el individuo se ve más (3) o menos consumidor (-3) del producto. Inmediatamente después, podemos preguntar si se considera personalmente más o menos rico. Y seguir preguntándole si su familia cree que él es más o menos rico.

Como resultado podríamos concluir que el usuario del producto taxi, valorando las virtudes, declina usarlo porque su entorno familiar próximo podría considerarlo un gasto superfluo y no acorde con la economía del hogar. Es decir, quien ni prescribe, ni compra, ni consume está vetando el uso.

Si la visión familiar está determinada por una carencia de información, la estrategia de contenidos habrá descubierto una esfera de audiencia que se convertirá en destinatario pasivo de los mensajes que contribuyan a un mejor conocimiento del producto.

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