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El e-book contra la nebulosa del conocimiento difuso

Leyendo Too big to kwow, el ensayo1 de David Weinberger en la que ensalza la Red como ecosistema único para la producción, transmisión, recepción y almacenamiento del conocimiento, es inevitable recordar a Eco y sus apocalípticos e integrados2 .

Poco a poco hemos vuelto a los años 50. Las preocupaciones de los teóricos de la comunicación de entonces son las mismas que las de ahora. Y las teorías de entonces que se revisitan, que se resucitan, ponen en tela de juicio o cuando menos entre la espada y la pared a todo el entramado teórico que en los últimos 10 años ha apadrinado el crecimiento desmesurado de fenómenos en Internet y que, a la postre, resultan efímeros o difícilmente justificables.

David Weiberger abomina del libro clásico, pero el formato sigue vigente en la estrategia de contenidos más moderna

Los apocalípticos son los que volvemos a las teorías puras de la comunicación y vemos en los movimientos de Internet la amplificación y aceleración de experiencias fallidas de antaño. Y, sin embargo, creemos que difícilmente todo tendrá vuelta atrás. Los integrados son pensadores como Weinberger, que escribe un libro para decir que los libros no sirven. Que se presenta como experto, para decir que los expertos son especialistas en conocimiento difuso de la red que, al conectarse, ofrecen soluciones de alto nivel de conocimiento y experiencia a los problemas planteados. Que plantea huir de los prejuicios que pueden albergar los libros como fuente del conocimiento y, sin embargo, establece una serie de prejuicios sobre el hecho del libro impreso frente a la Red como el sistema más útil para la transmisión del conocimiento.

Dice en su ensayo:

  • Que el escritor de un libro debe imaginar las objeciones que un lector pueda realizar, en tanto que en una distribución on line puede recibir una enriquecedoras objeciones reales, en vivo y personalizadas.
  • Que la influencia real del libro puede ser una apreciación etérea frente al buzz que una distribución de conocimiento on line puede generar. El ruido en Internet se capta enseguida y se aprecia si otros usuarios lo enlazan y comparten. Sin embargo, que un medio institucionalizado como un periódico lo valore, es algo difuso y poco creíble.
  • Que las notas personales al margen de un libro que escribe el lector, en una distribución online se convierten en un comentario que otros pueden leer y secundar.
  • Que un libro es endemoniadamente rígido y secuencial en la presentación de los contenidos, frente a una distribución on line en la que cada página es el primer contacto útil con un conocimiento.
  • Que el libro impreso es terriblemente estático frente a la vibrante actualización de la distribución on line ante cada cambio que se registra.
  • Que el libro en papel consagra al experto como intérprete de los hechos, aunque él cree que es mejor que los hechos, vía enlaces en Internet, aborden al lector para que éste pueda realizar una valoración.
  • Que los libros impresos se pierden en estanterías lejanas y su contenido puede ser difícil de localizar, frente a la sencillez del uso de los buscadores en Internet.
  • Que el libro en papel puede proporcionar una falsa sensación de finalización del debate. Que se plantee un punto y final donde en la Red seguiría abierta una fecunda discusión.
  • Que los libros en formato libro responden a un formato de argumentación larga, con el peligro de que los fundamentos del discurso sean erróneos, insuficientes o malinterpretados y el lector pierda el tiempo leyendo un rollo equivocado de principio a fin. Sin embargo, la distribución online es concentrada y breve por la propia necesidad de captar la atención del lector.

Resulta fácil objetar sus críticas al libro clásico como formato de transmisión y almacenamiento de conocimientos. Es indudable que nunca volverá a ser lo que ha sido en los últimos 500 años, pero tampoco resulta tan inútil como lo plantea el Weinberger.

Porque la distribución de conocimiento no implica necesariamente debate. La mayoría de las ocasiones sólo se requiere una clasificación racional, clásica, agrupada y jerarquizada de los distintos componentes de un saber. Aunque éste sea especializado. Esta forma de presentación es una forma de aprehensión y también de divulgación. Y sólo mediante la figura del experto, explícito o no, se puede valorar el grado de conocimiento y experiencia tanto explicados como obviados en la exposición de los argumentos, para saber si el contenido es de calidad o no.

El libro en formato e-book es un potente instrumento para las marcas

De hecho, un experto institucionalizado, como un medio de comunicación consagrado, un especialista en el área, un bibliotecario son los que pueden dar fe de que el contenido es de calidad, y no el ruido que se pueda generar on line y el número de comentarios que se reciban. De gurús, Internet está lleno. Y ninguno bueno.

El libro clásico, en su formato ágil y por el momento limitado de e-book, será uno de los pilares en la estrategia de contenidos para las marcas. Permite aglutinar, ordenar y exponer el conocimiento de las organizaciones adquirido con la experiencia. Facilita la formación de personal en modos de hacer que transmiten generacionalmente los valores de calidad, satisfacción y sabiduría en la especialidad para que la marca perdure. Transmite autoridad frente a los competidores y genera compromiso en los lectores.

El formato e-book dotará de agilidad a esos conocimientos que pueden aprovechar la Red para expandirse exponencialmente. Un e-book no tiene costes industriales ni de distribución, tiene la garantía de los registros ISBN, se puede leer en cualquier circunstancia, es más económico para el lector, tansmite imagen de marca y se puede actualizar con mucha facilidad todas las veces que se desee.

Todo lo demás que apunta Weinberger es una mala teoría de redes más propia de un lector de powerpoints que de alguien que quiera entablar una discusión seria sobre el presente y futuro del formato libro. Y lo dice en un libro.

Referencias

  1. . Too big to know: rethinking knowledge now that the facts aren’t the facts, experts are everywhere, and the smartest person in the room is the room. Nueva York: Basic Books, . ISBN: 978-0465-02142-0^
  2. . Apocalípticos e integrados. ed. Barcelona: Editorial Lumen, . 416 p. ISBN: 84-264-1039-1^

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