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Guía de preparación de originales para crear un e-book corporativo

La edición de un libro corporativo ha dejado de ser una tarea de diseñadores y maquetistas para convertirse en un frío proceso de montaje y programación. Los libros, todos, deben tener un equivalente en formato electrónico, y el e-book tiene aún muchas limitaciones.

Da lo mismo el tipo contenidos corporativos que se quieran verter en el libro electrónico. Muchos no podrán visualizarse correctamente en páginas fluidas, que se adaptan al tamaño de pantalla del dispositivo y al cuerpo tipográfico que haya elegido el usuario.

El impacto visual pretendido por los diseñadores gráficos se perderá en la mayoría de los dispositivos. Y, aún así, el e-book ganará en eficacia frente a las ediciones tradicionales.

Ganará cuando se trate de publicaciones técnicas o profesionales, de manuales y guías, de tratados, estudios y libros blancos, de narraciones y novelas. Perderá cuando se desee un catálogo visual completo, cuando se hayan utilizado medios tipográficos expresivos, cuando se requieran grandes tablas o textos flotando entre las imágenes.

Las limitaciones de la tecnología y, sobre todo, de los lectores disponibles en el mercado, obligan a tener en cuenta una serie de circunstancias preparando los originales del e-book antes de enviarlos al especialista:

  • Reutilice contenido neto de marcas programación La estrategia de contenidos corporativa debería contemplar la creación de contenido reusable y reutilizable, compartimentado en componentes y almacenado en una gran base de datos común. Realizar una llamada a la base de datos solventaría un porcentaje enorme de la materia bruta que formará la publicación electrónica. Sólo será necesario un repaso de todo e hilvanar un discurso con pequeñas correcciones. El contenido del sitio web, del ERP, del CRM, de la intranet corporativa o el que se redactó para catálogos y manuales de instrucciones, puede aprovecharse para la nueva publicación. Sólo hay que realizar las llamadas a la base de datos y limpiar el código de marcación: HTML, XML, etcétera. Dejar el código tal cuál puede colisionar con la programación del e-book y su montador no lo advertirá.
  • Textos en documentos separados y formato abierto Si un libro tendrá 25 capítulos, entregue 25 documentos numerados, para que el programador ajuste convenientemente los finales e inicios de cada capítulo consecutivo. Envíe los textos en un documento de formato abierto, preferiblemente RTF que puede generarse con casi cualquier editor gratuito y no incluye marcación de textos de complicado tratamiento. Nunca envíe un archivo PDF. Si ha recuperado textos desde publicaciones impresas empleando un sistema de reconocimiento de caracteres (OCR) revise la ortografía y la sintaxis y corríjalo por completo, eliminando dobles espacios y tabulaciones incomprensibles.
  • Ajuste el tamaño de las imágenes Adjunte imágenes en formato de alta resolución que no superen los 2 megapíxeles de tamaño. Los expertos recomiendan una anchura máxima de 1.000 píxeles de base, porque es la más adecuada para las pantallas Retina de los iPad. El objetivo es no someter a los dispositivos a un esfuerzo innecesario cargando píxeles que no se verán y acelerar la carga de las páginas con imágenes. Entregue las imágenes numeradas y referenciadas al texto, y, si es posible, con metadatos: autor, pie de fotografía, capítulo del libro, etcétera.
  • Prescinda de formatos multimedia Uno de los grandes atractivos de los e-book es su capacidad de integrar vídeo y audio en las páginas de las publicaciones electrónicas. Y es tentador. Sin embargo, a día de hoy, muchos lectores de e-books no soportan audio o vídeo en sus páginas. Si vende un libro con una película embebida o con un fragmento de MP3 a un usuario que no pueda acceder a él, éste nunca más volverá a confiar en su marca corporativa. Piense que no es sólo un problema del dispositivo. La aplicación Kindle para ordenadores de sobremesa tampoco reproduce vídeos o archivos de audio desde un e-book. Si la necesidad es imperiosa, cuelgue estos archivos multimedia en el servidor corporativo y en direcciones privadas y añada un capítulo final al e-book con la lista de las URL donde el lector frustrado podrá ver el material que le es vedado.
  • No cree un índice Crear en material en bruto un índice es una pérdida de tiempo. El montador del e-book lo hará automáticamente cuando genere la publicación. Limítese a vincular las figuras que lo ilustren, las notas al pie y las notas finales o glosarios. Recuerde que la mayoría de los e-book se programan para que el contenido fluya libremente de forma independiente del tamaño de página y tipografía que utilice el lector, de modo que los anclajes internos se componen de nuevo cuando el libro se repagina.
  • Reduzca todos los estilos tipográficos Las enormes ventajas de un texto que fluye por las páginas, aunque éstas cambien de tamaño, contrasta con las enormes desventajas de la limitación de recursos tipográficos que se pueden utilizar en un e-book. Reduzca el número de titulares que utiliza, emplee sólo dos o tres formatos de texto (cuerpo principal, citas y pies), reduzca siempre que sea posible las listas. Elimine toda aquellas tablas que no quepan en la pantalla de un teléfono móvil. Las tablas se moverán en un e-book, ajustándose entre diversas páginas, y serán incomprensibles. Si es indispensable, genere una imagen de la tabla y vincúlela al cuerpo de texto, recordando que no se podrá buscar contenido en su interior. Elimine los subrayados, tachados, y las negritas y cursivas que no sean indispensables para que no colisionen con la programación del e-book. Use un recortador de URL para los enlaces externos, asegurándose de su vigencia prolongada.

Un e-book corporativo es muy rápido, económico, se puede compartir, anotar, buscar en su interior, redirigir los contactos. Puede emplearse con contenido redactado ex profeso o reciclado de los sistemas de comunicación corporativos. Y técnicamente mejorará en el medio plazo.

Pero antes de ponerse manos a la obra, le interesa decidir si el libro tendrá un formato de texto que fluya o de paginación fija, con el contenido determinado para cada página y más apropiado para determinados catálogos, libros arrevistados y libros infantiles. Deje que un profesional de la estrategia de contenidos le ayude a escoger lo más correcto y rentable para su organización.

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