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Carlos J. Campo

La Ley de Miller y la organización del contenido

Fotografías, vídeos, presentaciones
La memoria de trabajo condiciona la navegación web. Foto: Kutsaev

Resulta que George A. Miller casi tenía razón y los seres humanos tenemos una limitadísima memoria de trabajo visual de sólo 8 bits. Sólo somos capaces de almacenar en esa memoria muy reciente cuatro elementos con los que podamos operar o desplazarnos físicamente o entre conceptos. Parece muy poco.

La ventaja de conocer esta limitación es que nos permite optimizar estratégicamente la organización del contenido para mejorar la comunicabilidad de los mensajes. Aplicando la Ley de Miller actualizada mejoraremos la distribución de las piezas y componentes en la página, las rutas de navegación internas y la construcción de directorios y mapas de sitios web.

El objetivo es la disminución del ruido comunicativo. Los destinatarios de nuestro contenido interactuarán con mayor seguridad, sin elementos que puedan distraerles, contextualizando en todo momento el mensaje y sin el riesgo de despistarse o sentir frustración en los sitios web.

El umbral cognitivo del despiste

En algunos libros de teoría de la comunicación de hace décadas, en los años de facultad, se recogía la teoría de Miller de 1956 1  en la que definía la memoria de trabajo visual y especulaba con su capacidad. Esta memoria forma parte del circuito cognitivo empleado en la realización de pequeños trabajos mentales por parte de los seres humanos. En ella se guardan los ítems percibidos por la vista que se utilizarán para un razonamiento inmediato posterior. Una vez utilizados, son desechados o sustituidos por el ítem ampliado.

La memoria de trabajo visual está condicionada por la recurrencia y la persistencia del recuerdo 

Por ejemplo, miramos la hora en un reloj y retenemos la imagen-concepto de la esfera para que, al volver a mirar dentro de 10 minutos, tengamos por comparación una sensación de aumento y de transcurso del tiempo. En la memoria de trabajo, la primera percepción habrá sido sustituida por la segunda.

La Ley de Miller consagraba como número mágico el ±7 como la cantidad de elementos que cabían en esta memoria. En 1997, Luck y Vogel 2  reducían la cifra en un artículo publicado en Nature y estimaban que sólo cabían 4 elementos. Ni uno más.

La semana pasada, un grupo de estudio de la universidad de Oxford 3  precisaba que la capacidad real de la memoria de trabajo visual es de 8 bits, el equivalente a cuatro míseros objetos. En condiciones reales de cálculo, el volumen está condicionado por la recurrencia del ítem, que permite ampliar la capacidad, y por la persistencia del recuerdo no utilizado, que permite un olvido más rápido.

Con esta precisión, la actualizada Ley de Miller tiene tres aplicaciones concretas en la organización estratégica de los contenidos:

Distribución limitada de piezas y componentes en la página

La memoria de trabajo visual se utiliza sólo cuando un elemento visto va a ser utilizado en un razonamiento posterior y, por decirlo de alguna forma poco científica, no se había utilizado antes. Aplicado a los contenidos de una página que implican una navegación posterior en distintas estructuras verticales del sitio web, significa que no hay que utilizar más de cuatro ítems. 

Desde esta perspectiva, la home page que incluye mucha información (más de cuatro ítems) de distintos apartados, que además se amplia en profundidad al seguir el enlace, causa confusión y frustración en el visitante ocasional.

¿Quién, al llegar al pie de la home page de un diario online, ha olvidado los titulares que quería leer? 

El efecto es similar a la portada de un diario online actual. ¿Quién no ha revisado la página de arriba abajo escogiendo las noticias que le desea leer y cuando ha llegado al pie casi no recuerda la primera historia que le había interesado? El usuario frustrado tendrá que regresar arriba y volver a repasar el contenido para elegir de nuevo.

Cuando no se trata de algo conocido —noticias con arquitectura informativa, jerarquías y formatos predecibles— sino de algún concepto o materia nuevos para el usuario —por ejemplo, distintas líneas de producto sofisticado, acciones de responsabilidad social corporativa, I+D, ofertas especiales y reclutamiento de trabajadores—, el destinatario se desorienta y no sabe dónde encontrar la información que realmente le interesa.

Las visitas se alargan lo indecible, pero sin concretar ninguna acción. Y, aunque alguno que vaya de experto se regocije con esta prolongación de la presencia en página, la estadística sólo refleja la frustración del usuario.

El límite de 4 elementos navegables no se aplica a piezas habituales en la disposición de la página: menús, utilidades (botones de impresión o de redes sociales, etcétera). La reducción de contenidos se impone como medida más eficaz para la comunicación de la home page.

Planificación de rutas de consumo informativo

Los 8 bits definidos por el grupo de Oxford, aplicados a la navegabilidad, implican el consumo de dos de los cuatro elementos en el punto de partida y en el de destino. Los otros dos responden a posibles transbordos en la ruta de desplazamiento del individuo. 

Trasladando el concepto a las rutas internas de un sitio web, los puntos de transbordo corresponden a cambios transversales en la navegación. Por ejemplo en una página universitaria, siguiendo un hilo que empieza en el apartado de Estudios, se sigue por el de Instalaciones para los laboratorios y se termina en el del Cuerpo docente para conocer el nombre de un profesor estrella, antes de encontrar el campo de formulario para solicitar información sobre la matriculación.

La ruta se ha diseñado de forma transversal, utilizando cuatro ramas de la navegación vertical en distintos niveles de profundidad, y el visitante llega a perder la referencia de su punto de partida. Si se introducen más de cuatro nodos en la navegación, el usuario no será capaz de reconocer el entorno y sentirá desconcierto, aunque cuente con ciertas ayudas en pantalla.

En cierto modo, es el caso similar a cualquier occidental que se haya atrevido en solitario y por primera vez a utilizar el metro en Tokio sin entender el japonés. Aunque se tenga el mapa del metro en la mano, el turista irá resiguiendo las rutas con el dedo e irá contando las estaciones. La angustia que siente cuando el metro se salta un apeadero y observa a los viajeros detenidos en el andén iluminado mientras pasa a toda velocidad, es indescriptible. Mucho peor, pero mucho más, si además lo hace en hora punta.

Los listados enormes de elementos de navegación idénticos exigen clasificaciones múltiples y variadas 

En las rutas de consumo informativo influye el cambio de modelo de contenido que el usuario puede encontrar en los nodos intermedios. Los archivos de vídeo y audio requieren mayor tiempo para acceder a los mensajes. Este consumo es extraordinario y no previsto, facilitando el olvido inmediato del elemento-ruta de origen en la memoria de trabajo.

Además, si se pasa de páginas de texto a páginas con infografías o tablas de datos, la confusión del usuario puede ser mayor.

Si una ruta transversal se prolonga más allá de los dos nodos intermedios, habría que considerar la posibilidad de generar o redirigir al usuario hacia una internal homepage que actúe como nuevo punto de partida para la segunda etapa de la ruta.

Segmentación de directorios y mapas web

La extrapolación de los 8 bit hacia una cifra máxima que un individuo pueda llegar a gestionar ofrece un número idéntico al Dunbar: 250 ítems. Más, resulta inabarcable para una mente humana, según el grupo de Oxford.

La aplicación es evidente en listados de elementos idénticos. Los directorios deben segmentarse, a ser posible por áreas temáticas, de modo que ninguno de los fragmentos supere los 250 ítems. La clasificación múltiple de estos contenidos también es muy recomendable.

Lamentablemente los sitios que utilizan mapa web o grandes directorios de recursos, como las administraciones, no se preocupan por la organización de estos datos y suelen ordenarlos por antigüedad o alfabéticamente. El resultado es que, aunque se sepa que lo que se busca está en la lista, no hay manera de localizarlo.

Las mejores soluciones son la construcción de directorios en modo de árbol, de manera que se pueda ir profundizando en ellos sin encontrar una cantidad aberrante de resultados. Y, por supuesto, ayuda tener un buen buscador interno y el contenido actualizado, habiendo eliminado el mensaje redundante, obsoleto o trivial.

Referencias

  1. The magical number seven, plus or minus two: some limits on our capacity for processing information. Psychological Review. 63 () p. 81-97 ^
  2. ; The capacity of visual working memory for features and conjunctions. Nature. 390 () p. 279-281 ^
  3. ; ; . Lost in transportation: information measures and cognitive limits in multilayer navigation [en línea]. Science Advances. 19. [consulta: ] ^

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