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La mejor estrategia: ¿contenidos en formato largo o corto?

Fotografías, vídeos, presentaciones
Curva Quartz de longitud de noticias admitidas
  • Post ideal: 7 minutos de lectura, según Medium
  • Mapa de calor de la longitud de página vista, según Chartbeat
  • Longitud media de artículos por temas, según Viperchill
  • Porcentajes de usuarios que utilizan scroll, según Chartbeat

El debate no es nuevo. A un lado se situarán los defensores de los textos largos y el mensaje completo, y al otro los partidarios de lo breve, que no por ello debe ser dos veces bueno.

Los últimos meses han traído más polémica a la cuestión. El Jefe de Información de Estados Unidos de Associated Press, Brian Carovillano, ordenaba en un memorando interno que las piezas de la agencia no superaran las 500 palabras, porque “nadie lee más en Internet”. Carovillano explicaba así su criterio:

Amigos,

Como prometí al final de nuestra charla del lunes sobre la longitud de las noticias, aquí tenéis algunas líneas maestras para aplicar en diferentes tipos de historias:

En las zonas de Estados Unidos, deberíamos aplicar esta guía. Para otras zonas y áreas podemos tener longitudes distintas en función de las necesidades y de las audiencias. Estas son las nuestras:

  • Para la mayoría de las historias cotidianas o programadas: de 300 a 500 palabras.
  • Para los titulares principales (primero y segundo) de cada estado: de 500 a 700 palabras.
  • Para las principales noticias globales del día, más de 700 palabras (con edición completa).

Aunque estoy seguro de que todo el mundo puede pensar en alguna excepción a la norma, estas directrices deberían abarcar la mayoría de las historias que producimos para los públicos estatales y globales.

Associated Press se suma Quartz. Kevin Delaney, editor jefe, presentaba la denominada Curva de Quartz que les ha servido para prohibir cualquier contenido que oscile entre las 500 y las 800 palabras. El gráfico, que encabeza esta entrada, se justifica en que la mayoría de sus competidores emplean entre 500 y 800 palabras para mostrar su contenido. Y según los datos de Delaney, la gente lee menos de 500 palabras de forma muy rápida. Por lo tanto, más de 500 es un exceso gratuito. Pero menos de 800 puede limitar absurdamente la necesidad de explicar algo de forma correcta.

Por lo tanto, dos medios de comunicación fijan una longitud —en palabras, en España no es frecuente esta medida— máxima y excluyente de sus contenidos en función del comportamiento mayoritario de los lectores.

La transformación digital de nuestro cerebro a peor

Ya en 2007, Jakob Nielsen explicaba cómo accedemos a la información en Internet. Paseamos los ojos sobre el texto, sin detenimiento, y establecemos puntos de atención (fijaciones) sobre los que regresamos en una segunda pasada. Entonces es cuando leemos las fijaciones.

Según sus estudios de legibilidad, nos detendremos en una palabra en función de lo larga que sea respecto a su entorno próximo, de que sea un concepto clave en el contenido (85% de las ocasiones) o si se trata de un concepto funcional para la comprensibilidad (un verbo o un complemento concidional).

Más recientemente, Maryanne Wolf, neurocientífica cognitiva de la universidad de Tufts, explicaba en Proust and the squid: The history and science of the reading brain 1 que nuestro cerebro se está acostumbrando a enlazar imágenes visuales entre palabras. Y si no las logra, abandona la lectura.

Para Wolf, el ser humano está desarrollando un cerebro digital con nuevos circuitos para saltar entre palabras en un torrente de información online.

A diferencia del lenguaje o la visión, para las que el cerebro tiene preparación genética, para la lectura carece de ella. Ha sido con los siglos, mediante la evolución humana, cuando se ha estimulado para adptarse a la lectura. Y ahora ha pasado de formatos lineales, un símbolo, un icono, antes de otro, en una secuencia lógica y necesaria para una comprensión global, a formatos discontinuos, pasando de un concepto a otro, de un espacio a otro, de un formato visual a otro, buscando conceptos clave como palabras o imágenes.

La lectura, por tanto, es una hábito que se puede desaprender, limitando la capacidad de atención del individuo a 15 segundos.

En su libro, la neurocientífica muestra su preocupación porque la falta de lectura lineal está afectando de forma directa a la sintaxis, empobreciéndola. Esta nueva evolución digital conduce, según sus palabras, a la superficialidad de las ideas y de los pensamientos, y a la descontextualización espacio-temporal de los acontecimientos narrados.

Cómo se mide la eficacia de la longitud de un texto

Sea como dice Wolf o no, lo cierto es que la longitud de un texto tiene que ver con la rentabilidad del autor/editor y del lector. Si no se lee, quizá no valga la pena escribirlo. Y si es demasiado largo, quizá no valga la pena leerlo.

Para medir la eficacia existen diversos métodos:

  • Por tiempo de lectura: la plataforma Medium establece que el post ideal debe leerse en 7 minutos y tener 1.600 palabras de longitud.
  • Por duración de las visitas: para Dan Shewan, de la agencia de marketing WordStream, aumentar la composición de las entradas de un blog hasta las 1.000 palabras incrementó las estadísticas de permanencia en la página, reduciendo la tasa de rebote.
  • Por temática: la agencia Viperchill analizó las páginas más leídas de diferentes áreas de contenido y determinó la duración media de éstas como un parámetro del éxito.
  • Por posicionamiento en buscadores: la agencia SerpIQ se dedicó a contar las palabras de los diez primeros resultados para distintas búsquedas, descubriendo que los buscadores valoraban más los contenidos que superaban las 2.400 palabras, apareciendo en primer y segundo lugar.
  • Por longitud en píxels: la empresa de estadísticas web Chartbeat analiza las páginas por su longitud en píxels con datos no por sabidos menos escalofriantes. Para un texto de 2.000 píxels, el 50% de los usuarios se marchan al leer las primeras palabras. Del resto, la mitad abandonan hacia el píxel 1.000. Pero lo peor es que abandonan comentando el contenido o tuiteándolo sin haber llegado al final, por lo que distorsionan el mensaje. Una pantalla estándar tiene una superficie útil de unos 650 píxeles de altura.
  • Por pantalla: Nielsen, ya apuntaba en 1997 que los usuarios invierten el 80% de su tiempo en la porción de pantalla que se ve sin usar la persiana de scroll. Y de lo que ven, sólo captan el 20% de las palabras visibles.

Chartbeat, que ha elaborado un mapa de calor (arriba) con el nivel de profundidad en píxeles de los usuarios de 10 sitios web controlados durante 24 horas, afirma que si una página tiene contenido pero no muestra la página de scroll, dos terceras partes de los usuarios se van sin mirar siquiera el texto. Y de los que se quedan, la mitad sólo leen la primera oración y abandonan la página.

Es un comportamiento que se resume, en inglés, con las siglas TL;DR (Too Long, Didn’t Read). Una expresión que se utiliza para responder a un texto demasiado extenso que no se ha leído y que, paradójicamente, se usa también para anunciar textos tan resumidos que dicen poco de lo que se debería decir.

La moda del slow content y el factor credibilidad

Aún así, algunos medios se han lanzado a explicar historias extensas, de más de 4.000 palabras, sabiendo que su público no las leerá. Jonathan Mahler, periodista de Bloomberg, afirma que los medios que lo practican, como BuzzFeed, lo hacen para lograr un toque literario a su producción de muy baja calidad, intentando ganar algo de respetabilidad en el sector.

Otros medios están experimentando con la combinación de formatos y una interactividad más próxima a la gamificación (inmersiva) con el aplauso de la profesión, pero un desastre absoluto en las estadísticas de lectura, como The Guardian o The New York Times. La producción requiere un esfuerzo y una cantidad de recursos que limitan la actualidad de la información que trasladan.

En el ámbito no estrictamente periodístico, también se registra una tendencia hacia el contenido extenso o Slow Content frente a la diseminación en piezas breves de información complejas:

  • Satisface a segmentos muy reducidos de público pero muy interesados en el contenido.
  • Invita a una mayor interacción con el lector.
  • Tiene más valor para emisor y receptor.
  • La experiencia de lectura es más gratificante.
  • Está mejor considerado por los buscadores (con mayor relevancia y autoridad) y posiciona mejor.
  • Prestigia al emisor.
  • Aumenta la fidelidad del lector.

Pero su lectura, como ya apuntaba en 1997 Jakob Nielsen, depende de un factor clave: la credibilidad que tenga el emisor. Sin eso, lo demás no cuenta demasiado.

Referencias

  1. . Proust and the squid: the story and science of the reading brain. ed. Nueva York: Harper Perennial, . 336 p. ISBN: 9780060933845^

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