¿Nos autoriza a instalar cookies durante su navegación por Estrategia del Contenido?

“Los braggies y su exclusión estratégica del contenido para la web” entrada del blog corporativo de Estrategia del Contenido

Comunicación eficaz, competitiva y sostenible

Consultoría / externalización:
Periodismo de Marca, Estrategia de Contenidos, Semantic SEO y Content Marketing

Ruta de la página y presencia en Redes sociales

Buscador interno

Si le resulta más cómodo, puede utilizar también las opciones opensearch en este website

Buscador
Blog

Los braggies y su exclusión estratégica del contenido para la web

Fotografías, vídeos, presentaciones
Selfie en los aledaños del café de Sidney objeto de secuestro

Los dueños de un pequeño hotel enviaron al sitio oficial turístico de Escocia la ficha de su establecimiento y un montón de fotografías. Retrataron los exteriores, el zaguán, la conserjería, las habitaciones, detalles de los baños e incluyeron el braggie de un huésped, frente al espejo de su dormitorio, con nariz y mofletes enrojecidos y abrazando unas cuantas botellas de whisky. Los administradores del sitio retiraron el braggie de la descripción del hotel.

Quizá entendieron que no era apropiado para Visit Scotland. O que llamaba a un tipo de turismo que oficialmente no interesa promocionar. O pensaron que hacían un favor al hotelito corrigiendo una decisión errónea.

A lo mejor, simplemente, decidieron evitar una posible demanda por parte del huésped borrachuzo por utilizar su imagen con fines comerciales. Lo cierto es que es una modalidad de UGC que genera problemas. Y que va en aumento.

Sintática del mensaje de alarde

El braggie es una variante del selfie. Es un autorretrato realizado con la intención de presumir, de alardear de lo que se muestra o del escenario. Se calcula que el 30% de los selfies que se cuelgan en las redes sociales pertenecen a esta modalidad.

Se han dado casos extremos, en los que jóvenes muy adinerados usan Instagram para mostrar su ostentación derrochando fortunas en sus placeres. Este controvertido uso está recogido en una cuenta de Tumblr. Los protagonistas de las imágenes sólo pretenden competir entre sí en la adquisición de cosas prácticamente inalcanzables.

Esta intencionalidad, la demostración de que el protagonista del braggie puede y el destinatario de la imagen —su entorno social— no puede, es la que prevalece en este tipo de contenido. La sintaxis del mensaje tiene un sujeto (el individuo), un complemento directo (qué hace) y unos complementos circunstanciales ineludibles (dónde y cuándo). El complemento de la imagen puede ser unos simples churros de madrugada o un plato de alta cocina en un restaurante de lujo.

Pero también puede ser la oportunidad. La presencia en el lugar en el que se produce un acontecimiento. Lo importante no es el acontecimiento, que no se pretende explicar. Se da por conocido. Lo importante para los destinatarios —el entorno social próximo del autorretratado— es que él (el autor) está allí.

Sólo así se puede comprender el braggie que ilustra esta entrada, tomado en la zona acotada para periodistas en el sitio al café de Sidney en el que un lobo solitario islamista había tomado rehenes.

Contenido fomentado por la industria turística

El fenómeno del braggie ha sido muy estudiado por el sector turístico, que intenta sacarle el máximo partido. Los estudios del sector indican que la inmensa mayoría de los braggies en hoteles se producen a los 10 minutos de acceder a la habitación. Se usa el espejo para tomar una perspectiva de la estancia o, si las vistas lo merecen, se posa en la ventana o balcón para autorretratarse y compartirlo inmediatamente en redes sociales.

Siendo así, los expertos en marketing en el sector recomiendan dar las mayores facilidades para que le huésped pueda compartir sus fotografías inmediatamente: wifi gratuito y accesible, y comunidades de marca en las que compartir las imágenes. Dan por descontado que el autor del braggie puede tener una influencia positiva en su entorno, aún cuando aquello que se desea promocionar es circunstancial.

Frente a esta tendencia, el ayuntamiento de Cannes (Francia) ha prohibido este año los selfies en el puerto y una zona de la playa, por entender que atentan contra la intimidad del resto de los turistas y bañistas, especialmente las estrellas cinematográficas durante su festival.

Braggie fuera de contexto

El ejemplo de Cannes pone de manifiesto uno de los problemas de braggie: el derecho a la propia imagen e intimidad. Y, consecuentemente, la contextualización de la fotografía.

El uso fuera de la red social para la que se ha creado descontextualiza y pervierte su mensaje

Cuando el selfie se realiza tomando como complemento a un personaje famoso e inadvertido, se está violando su derecho a la intimidad. No forma parte del decorado, es el objeto que atribuye valor al protagonista de la fotografía.

Pero al mismo tiempo, el autor del selfie la realiza para un canal concreto y un público determinado. Los familiares y amigos más próximos de las chicas que se fotografían en Australia frente al lugar del secuestro no se escandalizan por lo que hacen. Pero puesta la imagen —mejor dicho, la instantánea de la toma del selfie— en un periódico, las descontextualiza ridiculizándolas. Y, al mismo tiempo, atenta contra su derecho a la propia imagen. La fotografía se toma para otros canales y audiencias, no para el sitio web de un medio de comunicación tradicional.

Estas dos circunstancias, la probable descontextualización del mensaje fotográfico y el respeto al derecho a la propia imagen de quienes forman parte como protagonistas o complementos indispensables, invalidan el uso de selfies como contenido útil para sitios web.

Sólo pueden servir si son artificialmente creados, como el protagonizado por las estrellas del cine en la pasada edición de los Oscar. Samsung se gastó 20 millones de dólares en el selfie, que retuitearon 2 millones de veces durante la transmisión de la ceremonia y que, al cabo del tiempo, se vio 38,2 millones de veces. Eso cuando ya se sabía que se trataba de un truco publicitario de Samsung.

Los demás deben quedar en las redes sociales, para las que están destinados.

Añadir un comentario

Regístrese con Twitter

Para comentar necesita una cuenta de Twitter y registrarse con el botón situado a la izquierda. Así no tendrá que recordar claves de usuario. El sistema publicará un tuit por usted con el comentario.